Veracruz, Ver.— En medio del creciente malestar social por la inseguridad que se vive en el estado, la gobernadora morenista Rocío Nahle volvió a provocar polémica al insistir públicamente que la causa de muerte de Irma Hernández, maestra jubilada y taxista secuestrada en días recientes, fue un infarto, no un crimen.
“Esa fue la realidad. Les guste o no les guste”, sentenció la mandataria durante un encuentro con medios, al ser cuestionada sobre el caso que ha generado indignación en redes sociales y protestas en Xalapa y Coatzacoalcos.
Irma Hernández había sido reportada como desaparecida tras realizar un servicio de taxi en el sur de Veracruz. Fue localizada sin vida horas después, y aunque las autoridades estatales determinaron que su muerte fue producto de un infarto, familiares y colectivos han señalado inconsistencias, exigiendo que se investigue como feminicidio, dado el contexto violento de su desaparición.
Organismos de derechos humanos y colectivos feministas han criticado el manejo oficial del caso y la narrativa del gobierno estatal, acusando a Nahle de minimizar la violencia contra las mujeres y de cerrar la puerta a una investigación seria.
La postura de la gobernadora, además de la frase tajante con la que desestimó las críticas, ha sido interpretada como una muestra de insensibilidad y soberbia por parte de una administración que enfrenta señalamientos por opacidad y falta de resultados en materia de seguridad.
En Veracruz, uno de los estados con mayores índices de violencia de género y desapariciones forzadas, el caso de Irma Hernández podría convertirse en un nuevo emblema de la exigencia ciudadana por justicia, verdad y responsabilidad institucional.