México no está en guerra declarada, pero para ejercer el periodismo a veces se parece demasiado.Según el diagnóstico más reciente, el país sigue siendo uno de los lugares más peligrosos del mundo para informar, y el más riesgoso del hemisferio occidental.
Entre 2024 y 2025 se registraron 451 agresiones contra periodistas. Una agresión cada 19 horas.
No estamos hablando de “tensión política”. Estamos hablando de amenazas, golpes, campañas de desprestigio, acoso judicial, desapariciones y asesinatos.
En el último año se reportaron siete periodistas asesinados y una desaparición.
Y el dato que explica todo: 98% de impunidad.
Es decir, en México atacar a un periodista casi nunca tiene consecuencias.
La mitad de las agresiones proviene del Estado, sobre todo de gobiernos locales y estatales. Luego viene el crimen organizado, que en regiones como Veracruz, Michoacán y Guerrero decide qué se publica, qué se calla y quién sobrevive para contarlo.
Ciudad de México, Puebla, Veracruz, Michoacán y Oaxaca aparecen como zonas de alto riesgo.
El poder suele decir que respeta la libertad de expresión.
Pero la libertad de expresión no se mide en discursos.
Se mide en periodistas vivos, medios libres y autoridades que no conviertan la crítica en expediente, amenaza o linchamiento digital.
Y ahí, México sigue reprobado.