En la primera mitad de 2025, México alcanzó un déficit histórico en su balanza comercial con China de 57,535 millones de dólares, una cifra que marca un récord y evidencia la creciente dependencia del país hacia el gigante asiático.
De enero a junio, México importó mercancías chinas por 62,127 millones de dólares, desde automóviles hasta piezas clave para la industria manufacturera. En contraste, las exportaciones mexicanas a China apenas sumaron 4,592 millones, principalmente minerales y componentes electrónicos.
Dependencia y vulnerabilidad
El desequilibrio refleja cómo las cadenas productivas en México dependen cada vez más de insumos baratos provenientes de China. Si bien esta dinámica permite mantener bajos los costos de producción en sectores clave como el automotriz y la electrónica, también genera una vulnerabilidad estratégica: una alta dependencia de un solo proveedor en un contexto geopolítico tenso.
La incomodidad con EE.UU.
El dato no pasa desapercibido en Washington. Estados Unidos, principal socio comercial de México y promotor del T-MEC, mantiene una confrontación abierta con China en materia tecnológica y de seguridad nacional. En ese escenario, México queda atrapado en medio de la disputa, con el riesgo de convertirse en un campo de batalla indirecto de la pugna comercial entre las dos mayores potencias del mundo.
Una guerra comercial silenciosa
Aunque el tema se discute poco en la agenda pública, los números hablan por sí solos: México está en medio de una guerra comercial de la que casi nadie está hablando. El récord de déficit con China no solo es un problema de balanza, sino una señal de alerta sobre el rumbo de la política industrial y comercial del país.
La pregunta de fondo es si México seguirá apostando a una relación desequilibrada con China, o si, bajo la presión de Estados Unidos, tendrá que redefinir su papel en el tablero de la economía global.