Respirar… comunicar… y prepararnos.
Estados Unidos ya está en marcha para adelantar la revisión del TMEC al segundo semestre de 2026, con la intención real de renegociarlo, no solo revisarlo . Donald Trump ya dejó claro que si no se ajusta, el acuerdo podría terminar  .
Pero empecemos por lo esencial: ¿Qué significa esto? El TMEC no es un tratado eterno. Tiene cláusulas que permiten su revisión cada seis años, y es justamente lo que viviremos en julio de 2026 . Al hacerlo, Estados Unidos toma ventaja política, buscando nuevos beneficios o presión sobre socios.
México ha reaccionado con cautela pero firmeza. Marcelo Ebrard y el subsecretario Gutiérrez destacan que más que una negociación definitiva, se trata de defender lo avanzado, dentro del marco del TMEC, sin abrir la puerta a cambios estructurales que puedan desequilibrar la competitividad .
Para Chihuahua, esto no es un asunto de palabras: es una alarma económica. Nuestra industria automotriz, agroindustrial y metalúrgica depende del tratado. Si se abre la puerta a cambios desfavorables —en reglas de origen, cuotas o barreras técnicas— corremos el riesgo de perder ventajas y de enfrentar competencia desleal o castigos arancelarios.
Pero no todo es riesgo. México puede usar esta situación como oportunidad de fortalecimiento: impulsar sustitución de importaciones, diversificar mercados, incentivar innovación y formación técnica. Así, estaremos listos para negociar no desde la defensiva, sino desde la fortaleza.
El Gobierno y empresarios chihuahuenses deben estar unidos en la mesa. Es momento de exigir que cualquier cambio preserve empleos, inversión y desarrollo. Porque si el TMEC se deshilacha, lo que está en juego no es solo exportación: es estabilidad local, futuro y calidad de vida para miles de familias.
Renegociar no es negociar. Renegociar es decidir qué queremos ser en el mundo. Y Chihuahua ya merece ser más que un paso fronterizo: merece ser protagonista.
Soy Akbar, y esto es lo que tengo que comentarle hoy.