
Puerto Padre, Cuba, 17 de mayo de 2024 — La «Primera Ley de Reforma Agraria», promulgada el 17 de mayo de 1959, cumple 65 años este viernes. Sin embargo, la celebración de esta fecha por el régimen castrista es vista por muchos como un mito altisonante y una falsedad. Lejos de cumplir con el artículo 90 de la Constitución de 1940, que proscribía el latifundio y favorecía la redistribución de tierras a ciudadanos cubanos, la reforma agraria de 1959 transformó los latifundios privados en un inmenso latifundio estatal improductivo.
Según los principios establecidos en la Constitución de 1940, la tierra debía ser revertida a los ciudadanos cubanos y no al Estado. En lugar de empoderar a los pequeños agricultores, la reforma agraria eliminó los latifundios privados productivos, reemplazándolos con las «Granjas del Pueblo» y, posteriormente, con «Granjas Estatales del Pueblo», «Agrupaciones Agropecuarias» y «Distritos». Estas denominaciones enmascararon la consolidación de más de 7.8 millones de hectáreas de las mejores tierras agrícolas y forestales de Cuba bajo el control directo de Fidel y Raúl Castro.
En 1959, Cuba contaba con 8.522.276 hectáreas de tierra arable, distribuidas entre 42.089 fincas que pertenecían a 30.587 propietarios. La expropiación de estas tierras no produjo nuevos propietarios agropecuarios o forestales, sino que dejó la mayoría de estas tierras en manos del Estado, muchas de las cuales han permanecido ociosas desde entonces.
Aunque algunos arrendatarios y trabajadores de tierras particulares recibieron títulos de propiedad, estos eran títulos de mera posesión sin derechos plenos. La ley de reforma agraria restringía severamente la transmisión de estas tierras, limitándolas a herencias, ventas al Estado o permutas autorizadas, y prohibía contratos de arrendamiento, aparcería, usufructo o hipoteca.
Antes de la reforma agraria, Cuba producía seis millones de toneladas de azúcar en 1959 y contaba con 161 centrales azucareros en plena producción. Sin embargo, tras la estatización de la agricultura, la producción agrícola y ganadera cayó dramáticamente. En el pasado, Cuba era autosuficiente en la producción de frijoles negros y en buena parte de frijoles colorados, mientras que otros frijoles eran importados. La «reforma» no solo fracasó en incrementar la producción, sino que dejó al país dependiente de importaciones para satisfacer sus necesidades básicas.
Hoy, 65 años después, Cuba enfrenta una grave escasez de carne, leche y otros productos agrícolas que alguna vez producía abundantemente. La agricultura cubana, controlada por el todopoderoso Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), dirigido por Fidel Castro, nunca alcanzó los niveles de productividad de la década de 1950.
Para revitalizar la agricultura cubana, es imperativo eliminar el latifundio estatal improductivo y promulgar una nueva ley de reforma agraria que otorgue la propiedad de la tierra a aquellos que la trabajan o invierten en ella. Solo así, Cuba podrá recuperar los niveles productivos del pasado y asegurar la autosuficiencia alimentaria para su población.